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Otra noche más

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            ¡Buenas noches niñas!¡Vayan a dormir!¡Sueñen con su angelito!  Sabe que a la mayoría de los niños les da tranquilidad que les digan eso, a ella no. Nada más escuchar las típicas palabras de su mamá sabe que no hay vuelta atrás. Su cuerpo tembló. Le espera otra noche más de terror de sentirse sola ante su peor miedo.  Lleva tiempo sintiendo y observando cosas que la tienen atemorizada; la televisión se prende y se apaga sola, alguien juega con las luces de la casa, escucha ruidos en la concina sin que nadie esté y en la familia tienen explicaciones contundentes para cada evento extraño, nadie parece darle importancia. No le agrada quedarse sola. Si todos salen, abre la puerta del departamento y ahí se sienta a jugar, con la esperanza de que el tiempo pase más rápido. Una vez recurrió a una cruz de madera de su papá, por cierto, muy efectiva, le imploró la pronta llegada de su mamá a la casa y se lo concedió.  Por las noches ta...

La Llorona

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              Escucho cómo sus pasos rompen el silencio de la noche. Un grito agudo y prolongado estalla en mis oídos. ¡Ay, mis hijos! Su voz me oprime el corazón. Sus largos cabellos ondean al viento, y una mueca de dolor le transforma el rostro. ¡Ay, mis hijos! Es una mujer muerta de miedo, víctima del terror y la inequidad de su época. Una vida de maltrato y abandono la acercó a la locura. Su voz retumba en todas partes y se ha hecho eco en las paredes del tiempo. Su grito ha viajado al presente, empujándonos hacia el laberinto, en la búsqueda angustiosa de nuestra identidad. ¡Ay, mis hijos! Su penetrante grito nos estremece. Tener en nuestras manos el cabo de un hilo extendido puede indicarnos el fin de la separación y de la soledad. Multipliquemos los hilos, que sean muchos, decenas, cientos, miles de hilos. ¡Ay, mis hijos! Aún con las ojeras hundidas de dolor, con el grito acompañándonos, ingresemos al laberinto, a eliminar al monstruo ...

Anxietas|¿Somnnum?

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  La luz… La luz que brilla. Centellea. Rápido. Lento. Rápido. Lento. Rápido. Intentas controlar tu respiración. Inhalas… exhalas…inhalas… exhalas… mientras encojes tu cuerpo contra la última pared de tu habitación.  Todo ruido se desvanece. Sólo hay un silencio tan denso e insoportable que poco a poco comprime todo a su paso. Comprime tu abdomen, tu pecho, tu cráneo. En cuestión de segundos te aplastará por completo. Cierras los ojos con fuerza. Quieres cerrarlos para siempre. Eso dice tu rostro. Nunca más sentir esto. Pero sabes que su arribo es inevitable. La noche cruje. La sientes dentro de ti. Sientes cómo con cada segundo avanza al compás de tus latidos. Ya no puedes hacerte más pequeño. No hay rincón más allá de donde estás. No hay hacia dónde mirar. No hay otra voz que no sea la tuya propia repicando cacofonías estrepitosas dentro de tu cabeza. Aun así, intentas acallarla en un último grito y…nada.  Despiertas sudando. Arrancas a dentelladas el aire...

Aracné

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                                                                                                        I Soy libre momentáneamente, no hay palabras para describir lo atormentado, inhumano y antinatural de esa acción. La tortura ha iniciado. Se traza la ruta del suplicio en mi espalda, cabeza, piernas y glúteos: las ardorosas líneas son descargas eléctricas que sacuden mi cuerpo, nacen donde mi piel ya no existe. Ahora es parte de la telaraña. El dolor me deja sin respiración; incapaz de llenar los pulmones de aire, me asfixio y quedo inconsciente con esa última imagen grabada en mis ojos, la del cielo. II              ...

Tiempo y Memoria

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  Tener un lugar para ir — es un hogar. Tener a alguien a quien amar — es una familia. Tener ambas — es una bendición. —  Donna Hedges.      Como cada año nos reunimos para la tradición anual, a otras familias les resulta raro, empero nuestro día es cuando ponemos el altar para los ancestros. El ritual comienza al escuchar las pisadas de Ángela, la abuela, deslizándose con suavidad mientras los zapatos susurran con fuerza la invitación para colocar la ofrenda familiar.  Sus brazos, que languidecen dentro del suéter que la protege del frío que se ha instalado en su cuerpo, sostienen la caja llena de fotos de todos aquellos que nos esperan. Mientras comenzamos con el armado del tapete floral, reímos con las historias que les cuenta para ponerlos al tanto. Toma una fotografía, la mira con cariño y comienza el diálogo: ¿Te acuerdas que tu nieta estaba embarazada? Fueron gemelos, el parto fue algo difícil, pero se logró o ¡Uy tía! ¡lo feliz que estarías!, tu sob...

Cempasúchil

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  “Un tallo nació de donde un botón surgió” Una alfombra de colorido amarillo se extiende al frente, sobre aquel infinito donde puedo volar y buscarte en el paisaje floral. Tu aroma, nadie sabe a adónde corriste la tarde en que el temblor anunció mi llegada. ¿Subiste al monte para adornar tus cabellos? ¿Fuiste al río a embellecerte y estar presente? Los abuelos predijeron tu huida a la selva boscosa por la flor prohibida y así abrirnos camino al infinito. I Xochilt viste su atuendo de manta con la cenefa histórica bordada al ruedo de su falda. Detrás de ella se cierra el camino; se detiene frente una roca grande que custodian dos magueyes.  Al estar delante del gran negro tezcalt una intensa luz brillante cubre a Xochilt cada vez que lo atraviesa mientras se interna en aquel lúgubre pasadizo.  A la entrada, un cascabeleo de serpientes anuncia su llegada y le abren paso una jauría de naguales que con flotantes manos deformes la quieren agarrar; los perros la custodian incl...