El olor a maíz se extiende por toda la cuadra, eso y la larga fila son el mejor anuncio de las sabrosas que son las tortillas. Doña Laura es descendiente de Cintéotl, los hijos de la deidad son reconocibles por sus antebrazos empanizados. Canta todo el tiempo, con su voz de soprano, muy dulce. ¿Qué entonará esa mujer? ¿Un arrullo? Tal vez, porque Laurita arropa las tortillas como a recién nacidos. Las está acunando, así, al terminar de cocerse estarán listas para salir al mundo. Cuando llegó a la tortillería con días de nacida, dormía mientras su mamá despachaba; ella cómo el sabroso producto de maíz, estaba terminándose de cocinar en el interior del local. Baja el volumen del canto para clavar los ojos en la clienta: —Un kilo. Hecha la nota mental, recoge de un cilindro los manjares redondos, amarillos y calientitos. Los acomoda sobre la servilleta ¿Cuántos trapos se han extendido en su mesa debajo de la báscula? Pensándolo bien, tal vez canta un vals… Laura recu...
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