Entradas

Jubilación anticipada

Imagen
A veces necesitamos una pequeña chispa de magia para recrear nuestro existir Estás sentada junto al árbol, disfrutas ese lugar mientras desenredas tus ideas a través de las luces. Te preguntas ¿en qué momento se terminó todo?, piensas ¿ahora qué sucederá?, ríes y haces pucheros, te sientes triste, derrotada, expuesta. Hubieras querido que terminara de otra forma, no sé, quizá algo más formal, pero no haber sido descubierta en una reunión casual, ¡rayos! ¿Cómo fuiste tan obvia?, eso te valió la jubilación anticipada, aunque pudo haber sido peor, intuyes.      Supones que el retiro está bien, te regocija saber que al menos ya no te desvelaras cuidando a los intrusos, no te preocuparás si se te suben los tragos de la cena, dormirás a tus anchas, no obstante sientes melancolía al ya no tener que dar esas buenas nuevas por la mañana. ¡Ya no pondrás tu cara de sorpresa! ¡Woow! O tendrás que justificar si algo no resultó, dejaras de comer galletas, bueno al menos si lo deseas. ...

Cuando toca dragón, toca dragón.

Imagen
 ¿Enfrentas al dragón?      Hola… ¡shhh! No hagan ruido. La oscuridad exalta esos ojos de fuego inquietantes y tenebrosos, le causan pánico, su corazón acelerado lo siente hasta la garganta. Su tamaño del monstruo es colosal, no alcanza a ver los límites. Sus escamas negras y esmaltadas son tan filosas que cortan la vista. Sus garras y sus alas acompañan los movimientos tan determinados a no dejarla a ir. Siente frio de ansiedad, del temor de no saber qué sucederá. El camino, solo es un túnel cavernoso con escaleras que suben y bajan. ¿Y la salida? ¿Cuál es la salida? Pierde el rumbo al huir desesperada. No sabe cómo, pero puede ver su sombra en la obscuridad. A cada paso escucha una pisada ensordecedora que viene tras de ella. Sus piernas desfallecen. Alcanza el camino de salida, ahora es plano con pequeñas piedras que entorpecen su escape. Sin embargo, en su espalda siente el respirar de la bestia. Le susurra dejando el eco espeluznante en sus oídos.  ...

La miel de las flores

Imagen
  “La muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos."   Antonio Machado Mi corazón está muy agitado, no se puede controlar. Esta mañana desperté con esta sensación desesperada. Estoy muy nervioso, la ansiedad me invade, quiero cabalgar por la pradera del campo, pero mis brazos se agitan de forma descontrolada.      La oscuridad se terminó en cuestión de segundos, es una luz tenue y cegadora la que me abraza.      Muchas flores adornan el paisaje, fragancias de colores, puedo reconocer el olor de la colina, el verde de las hojas del campo recién movidas por el aire, el fresco aroma que da vida cuando respiras.      Hoy no probé un bocado, el dolor del brazo me impedía ser quien soy. El estómago me regaña, pide alimento. El instinto me lleva a probar los geranios rosados, ¡se ven tan suculentos! ¿Qué me sucede? No puedo detenerme, ser vegetariano nunca fue mi elección, pero esta miel es tan deliciosa.      −Lin...

Otra noche más

Imagen
            ¡Buenas noches niñas!¡Vayan a dormir!¡Sueñen con su angelito!  Sabe que a la mayoría de los niños les da tranquilidad que les digan eso, a ella no. Nada más escuchar las típicas palabras de su mamá sabe que no hay vuelta atrás. Su cuerpo tembló. Le espera otra noche más de terror de sentirse sola ante su peor miedo.  Lleva tiempo sintiendo y observando cosas que la tienen atemorizada; la televisión se prende y se apaga sola, alguien juega con las luces de la casa, escucha ruidos en la concina sin que nadie esté y en la familia tienen explicaciones contundentes para cada evento extraño, nadie parece darle importancia. No le agrada quedarse sola. Si todos salen, abre la puerta del departamento y ahí se sienta a jugar, con la esperanza de que el tiempo pase más rápido. Una vez recurrió a una cruz de madera de su papá, por cierto, muy efectiva, le imploró la pronta llegada de su mamá a la casa y se lo concedió.  Por las noches ta...

La Llorona

Imagen
              Escucho cómo sus pasos rompen el silencio de la noche. Un grito agudo y prolongado estalla en mis oídos. ¡Ay, mis hijos! Su voz me oprime el corazón. Sus largos cabellos ondean al viento, y una mueca de dolor le transforma el rostro. ¡Ay, mis hijos! Es una mujer muerta de miedo, víctima del terror y la inequidad de su época. Una vida de maltrato y abandono la acercó a la locura. Su voz retumba en todas partes y se ha hecho eco en las paredes del tiempo. Su grito ha viajado al presente, empujándonos hacia el laberinto, en la búsqueda angustiosa de nuestra identidad. ¡Ay, mis hijos! Su penetrante grito nos estremece. Tener en nuestras manos el cabo de un hilo extendido puede indicarnos el fin de la separación y de la soledad. Multipliquemos los hilos, que sean muchos, decenas, cientos, miles de hilos. ¡Ay, mis hijos! Aún con las ojeras hundidas de dolor, con el grito acompañándonos, ingresemos al laberinto, a eliminar al monstruo ...

El Entierro

Imagen
La oscuridad es tan eterna y persistente como la vida  No voltearé por el retrovisor, por más que me coman las ansias. No sé en qué pensé al tomar este camino, pero era tarde y no había otra.      Aún me tiemblan las manos y me cuesta concentrarme. Respiro profundo e intento poner orden a mis ideas. Es imposible que una mujer esté sola por estos parajes, no hay urbanizaciones y son las cuatro de la mañana. Las luces del carro la iluminaron por completo. Una mujer robusta, de vestido y cabello largo, estoy seguro. No quise ver más. No hizo seña alguna. De pronto salió de la arboleda y se quedó allí sin más, al pie del camino. ¿Qué hacía en ese lugar? Cerré los ojos, ahora recuerdo. No voy a detenerme, pensé: es absurdo creer que se pudiera subir, pero con todo no intenté parar el auto. El frío me recorre la espalda y se mete hasta los malditos huesos.      Dios, no entiendo por qué me suceden estas cosas. Vuelve lo mismo, lo que pedí con todas mis fuerz...

La Planchada

Imagen
“Los años arrugan nuestra piel pero la falta de entusiasmo arruga nuestra alma"                                                                                                                      Sócrates Pasaron los quince días, el mes... Y Joaquín no regresó, tampoco contestó las cartas, menos las llamadas telefónicas. Los rumores y cuchicheos circularon por los pasillos del hospital. Un día, Eulalia, alcanzó a esc...