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CARTA AL SILENCIO

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  Antes que nada, me gustaría preguntarte ¿sabes lo que ha dañado nuestra relación a lo largo del tiempo? Pienso en cuánto representa esto y sonrío ante la ironía de la situación, te conozco desde el día que abrí mis ojos a la vida. En la práctica, la respuesta se puede resumir como a ti te gusta: sin palabras. Los hechos son los que hablan . Estoy de acuerdo con la afirmación; sin embargo, la has llevado al extremo. ¿Recuerdas cómo me gustaba sentarme junto a ti a ver las caricaturas? Sentía algo cálido en mi corazón cuando volteabas a verme y sonreías al escuchar risas ante los absurdos del coyote; entonces, con mis seis años lanzaba la pregunta ¿me quieres? Como respuesta escuchaba al silencio. ¿Sabes? Hubo días de muchas lágrimas hasta conformarme con la idea de que en la sonrisa estaba escondida la respuesta. Una de mis añoranzas es cuando, sentados en la mesa del comedor, abríamos nuestros respectivos libros para estudiar; tú cursabas aquel diplomado con el que sellaste...

CAMBIO DE PIEL

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Desde que llegamos, estás indiferente, tan cambiado, tu piel se ha vuelto fría, húmeda, áspera. Evitas mirarme, ya no hay caricias, ni sueños en común, no me escuchas. Soy como un fantasma que deambula entre cuartos viejos llenos de polvo y humedad; un adorno roto, tan alejada de todo y de quienes me puedan salvar. Odio esta casa donde acordamos estar unos cuantos meses mientras juntábamos dinero para comprarnos algo propio. El tiempo se detiene justo aquí, han pasado años. Jamás he sentido este sitio como mío, es de ellos y al parecer, tú lo heredarás. Te escribí una carta porque no me atrevo a hablarte de frente: “Por amor todo lo he aceptado, porque te creía y aún en el fondo de mi corazón, deseo confiar en cada una de tus palabras, de las promesas hechas cuando solo contábamos tú y yo. Tantas veces he intentado infundirte confianza, hacerte saber que podemos solos, sin ayuda, pero los escuchas más a ellos, siempre a ellos”. No duermo, estoy alerta al seseo, al sonido del cascabel, ...

Par de Reinas

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  ─¿Vas a ir o no? ─me preguntaron desde el auto en marcha. Los miré con desconcierto. En el viejo Volkswagen iban apretujados los cuatro hermanos Reyes que me invitaban a sumarme a la aventura. Su papá iba al volante. Días antes habíamos platicado de esa posibilidad, pero yo todavía no me decidía a correr el riesgo. Desde hacía tres años nos habíamos hecho grandes amigos. Todo había empezado porque Alf, uno de los hermanos, tocó a mi puerta cuando escuchó que de mi casa salían los acordes de una rola de los Rolling Stones. ─¿Quién está escuchando esa música? ─me preguntó de botepronto cuando abrí el zaguán. Desconcertado por el tono imperativo de su cuestionamiento le respondí que yo y enseguida se puso a hablarme de la coincidencia de nuestros gustos por la banda británica. Fue el inicio de una amistad que se ha fortalecido al paso de los años a través de conciertos, borracheras, pláticas, intercambios de discos y mil cosas más. En ese momento, sin embargo, debía tomar un...

La cuerda de la libertad

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  D espiertas faltándote la respiración, sudas frio. El flashazo de una inquietante sombra atada a una cruz en el piso te aturde. Te pide que lo desates. Escuchas el recuerdo vívido en la habitación. Aterrado, te yergues, tus manos te tiemblan, los vellos te erizan la piel sin reparar la realidad del sueño.  La luz de la lámpara en tu mesita de noche se enciende de pronto. En la orilla de tu cama tratas de calmarte, respirando concienzudamente, requieres de paciencia con una pizca de terquedad para aferrarte a salir de este estado. Esta noche avanza de forma brutal e inevitable y aunque sacas fuerzas de donde no las hay, algo se pudre desde el fondo. Su efecto trastoca tu cordura. Tienes miedo de él. No sabes cuánto más puedes continuar así. Orillándote al aislamiento.  Pasaste a ser un solitario con miedo a estar solo. Recurriste a un psicólogo, pero pronto te diste cuenta de lo insuficiente, sin embargo, algunas cartas que te pidió escribir para disculparte contigo mis...

EL GALÁN

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  Tenía un pensamiento al salir de la Polar: ver a Lucy, una linda mujercita de familia. La misa de una había terminado, vimos pasar a algunos parroquianos. La gente tiene algo peculiar después de los oficios, sería exagerado hablar de auras, aunque tal vez se sientan tan reconfortados que lo crean y ese efecto mental en algo se refleja en sus rostros. Dos días antes mi amigo Rodolfo me había invitado con su tío Marti a una reunión. Alto y gordo, rondaba los treinta, nosotros tendríamos dieciocho. Recién iniciaba la carrera y me urgía ganar dinero. Gracias a que su tío trabajaba de prefecto en una secundaria y yo pretendía dar clases, acepté la idea de la fiesta, donde me presentaría al director para solicitarle una oportunidad. El ciclo escolar había terminado ese día y lo festejarían los maestros, lo cual prometía baile y quizá unos tragos gratis. Vestí mis mejores galas: pantalones de pana y camisa a cuadros. Al llegar a la fiesta creí que nos habíamos equivocado: la mayoría...

CAMPEONA

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  No sé cómo puede vivir quien no lleve a flor de alma los recuerdos de su niñez. Miguel de Unamuno Corrimos al encuentro del fotógrafo, yo iba de la mano de papá. Se saludaron con una sonrisa, al mismo tiempo que él le arrebató al fotógrafo la corona que llevaba en su mano, después la colocó en mi cabeza. Lo miró y agregó: ¡Por favor!,  tome la foto a mi campeona. Hacía mucho calor, mis manos sudorosas sujetaban una cuerda y en mi frente escurría el sudor, entonces mi papá se acercó para secar mi frente con su pañuelo de tela perfumado y me habló al oído: Hijita, corre decidida, tú vas a ganar.  Tengo pocos recuerdos de niña. Están presentes aquellos que disfruté con mi papá. Mis hijos dicen que es porque tengo memoria selectiva; puede ser cierto, en la memoria han quedado los que marcaron mi vida. Tenía seis años cuando mi papá y yo nos dirigimos a la competencia, lo escuchaba en silencio tomada de su mano.  Antes de llegar a nuestro destino me entregó una barra de...

Abrir los ojos

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       " Sexo: lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare". Robert Louis Stevenson Marta tiene los ojos cerrados, trata de no pensar mientras acaricia con cariño la espalda de su compañero, sabe que eso le agrada, se empeña en gemidos, suspiros y palabras cariñosas. Sabe que eso le favorece para que ese momento termine pronto. En realidad, lo único que ella desea es recargarse en su pecho, mientras platican un rato. Después, ella, una vez que lo sienta dormido, se volteará y pasará la noche en vilo, tratando de dilucidar qué sucedió, preguntándose porque no puede sentir placer; sus amigas bromean sobre los orgasmos, algunas presumen de sus fuentes. Investigó y también quisiera experimentar un orgasmo, aunque no sea húmedo, quisiera sentir… Ella sabe que para él es importante: me encanta verte excitada , no necesito más para estarlo yo también. Marta le sonríe y besa su mejilla con cariño. Quiere gozar del sexo como disfru...