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En el nombre del Padre

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No tenía mucho que dejamos atrás los cuerpos de un escuadrón de Midas, aquellos grupos de desertores que prefirieron llenar sus bolsillos con objetos valiosos, pero cuando éstos dejaron de valer, les fue cada vez más difícil sobrevivir. Nadie hizo el intento por escudriñar entre sus cosas; únicamente los miramos cubiertos de blanco y seguimos, como habíamos hecho ya con anterioridad. Todavía recuerdo los rostros de mis colegas mientras marchábamos. Faltaba poco tiempo para llegar a Sklova, pero lentamente el frío y la hambruna nos cobraban factura. Con el pasar de los días el semblante de mis compañeros se desfiguraba cada vez más, las cuencas de los ojos se hundían, los pómulos comenzaban a marcarse, tanto, que, si alguien nos hubiera visto, pensaría que los muertos se levantaron de entre sus tumbas, desempolvaron viejos rifles y echaron a andar con el único objetivo de caminar en línea recta y quemar todo a su paso. Cualquiera te diría que lo más desolador es la ausencia de espe...

Al final es un principio

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A decir verdad, todo se siente sereno en este día despejado. No sabía que lo había deseado así. Los rayos de sol me dejan ver claramente el camino que todos buscamos, muchas veces sin saberlo. Las flores, festejan en una armonía perfecta la sinfonía de la existencia. La extrema belleza de esos colores vívidos me penetra con un punzante dolor eterno. Reconozco a todos los presentes. Sus atavíos frescos, blancos y diáfanos dejan una estela de gran potencial en el ambiente. Sus rostros se alzan al cielo de vez en cuando recibiendo con libertad ese regalo incondicional que nos ha sido dado. No hay nadie que no sonría. Las miradas están atentas a todo y a nada. Intercambiando un leguaje colectivo. Intento descifrar, entender. Solo escucho vibraciones de lo que dejó mi experiencia. Con ligereza me acerco un poco más. Lo que parece un día de campo, tiene en la mesa mis platillos favoritos. Mi cuerpo no parece reaccionar al anhelo de esos sabores. Me cobija la calidez del instante que quisiera...

Mi reino por un calcetín

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Aquel sábado lo primero que hizo fue discar el teléfono de su amigo para despertarlo. Contestó su mamá, aún no se levantaba, ayer había llegado tarde de casa de Karla. Esperó un momento y la señora le preguntó si lo despertaba. No terminó de agradecerle cuando Demetrio estaba en la bocina para informarle que no iría al Ajusco: le habían caído de peso los tacos del mercado verde. Ricardo no preguntó si por la calidad o por la cantidad. Cambió de tema y le preguntó por Karla: quería saber si ya estaba cerrado ese trámite, porque llegó tarde a su casa… -                ─ Ah chingao, qué bien enterado estás. –le dijo sorprendido Demetrio- -                Para que veas de qué lado masca la iguana –se ufanó Ricardo- -               ─ ¿Y quién más va a ir al Ajusco? –inquirió- -                ─ Todos. –le...

Zumbido en el vacío

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Escribo para no morir . Después de colocar el punto a este párrafo final, Alberto vuelve a tener los fugaces destellos que le borran los pensamientos. Segundos después, le deja en blanco la memoria.                Años guardando y reteniendo cada detalle y momentos vividos. Se resistió por mucho tiempo en dejar la evidencia escrita, porque estaba consciente que tendría vida y tiempo para hacerlo.                Espera unos instantes, quiere tomar el hilo conductor de la escritura, tiene la sensación de tener la pluma en la mano. Se imagina el punto donde quedó el escrito e intenta continuar...                Todo está confuso, escribir le cuesta trabajo, apela al recuerdo, pero el Bzzzz, bzzzz en el ambiente no lo deja concentrar.       ...

Cita semanal

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  Desde la ventana observo cómo se le enfría el café, lo mueve con parsimonia. Desde aquí me doy cuenta de su mal humor. Cuando está de así, sé que la tristeza lo carcome, pero no puede hacer nada. Quisiera platicar con él… o tal vez solo recostar mi cabeza en su pecho y escuchar su corazón. Los hombres siempre tienen ese caparazón tan duro, que le impide hablar de su dolor, de lo que los lastima. Primero debieran, quizá, decir lo que sienten algo. En las mesas vecinas hay conversaciones amenas, como aquella pareja del fondo; debe tener muchos años juntos, se nota la complicidad en sus miradas, sus manos se rozan aun sin pensarlo, como si sus cuerpos se conocieran de hace mucho. No es común que las parejas añejas se toquen en público, en este caso no parece importarles. Las chicas de la mesa cercana son estudiantes, no prestan atención al mundo, pero lo llenan de energía. Él, Darío, rumia su pensamiento; desde diez minutos espero que se percate de mi presencia. Lo quiero sorp...
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  En el pleno del Cuhthuluceno. Al filo de la postrimería. Olivia Morales Pavling.     El camino de la crítica se halla, quizá, en el último tramo de su breve historia. Esta mañana de septiembre ya no bastan los criterios. El arte posiblemente terminó. Su fin llegó con una existencia hermética, a la que llamaremos de dicha forma solo por la carencia conceptual que experimentamos ante la súbita prontitud de los hechos. Contrario a lo que puedan sostener algunos colegas del Instituto de Investigaciones Estéticas, que se afirman ostentadores de una interpretación fehaciente y científica del hecho, pienso firmemente que es nuestra responsabilidad académica agachar humildemente la cabeza de cara a la circunstancia y a la sociedad con la que nos hemos presentado como una autoridad epistémica. Tampoco entendemos. Sepamos, por lo menos, antes de afrentar con la vida el destino sórdido e inesperado que conlleva aquello que deambula gustoso por la ciudad, que hemos lleg...

Incómoda dependencia

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  No recuerdo para qué quería deshacerme de ti. Me acostumbré. Al principio me asfixiabas; pero no dije nada. Pensé que sería algo pasajero: no duraríamos ni tres meses juntos, sin embargo, compartimos el mismo espacio por en casi tres años. El resto de mis relaciones sentimentales habían durado menos. Recibí gozosa la gran noticia de nuestra separación, es opcional si deseamos continuar. Aunque; agradezco tu protección, tu empeño al permanecer juntos en todo momento, el que fueras capaz de adecuarte a mi personalidad, es más hasta a mi estado de ánimo en cada etapa que sorteamos. Sin embargo, decido abandonarte, en cuanto escuché que era posible, te tome entre mis manos y te arroje al cesto de basura, espero sea un hasta nunca, querido tapabocas.  Rosa Martha Jasso